Si la IA ya ejecuta parte de las tareas, los descriptores de cargo deben empezar a medir el criterio

Francisca León, IT Talent Acquisition Lead de WiTI, destaca cómo la irrupción de la inteligencia artificial demanda una actualización de los descriptores de cargo y una definición más precisa del criterio humano.

Por Francisca León, IT Talent Acquisition Lead de WiTI.

Según el Work Trend Index 2025 de Microsoft y LinkedIn, hacia 2030 cerca del 70% de las habilidades que hoy se usan en la mayoría de los trabajos habrán cambiado, con la inteligencia artificial como uno de sus principales motores. Aun así, durante años, los descriptores de cargo se han construido de una manera bastante estable: enumeran las tareas que una persona debe realizar, las herramientas que necesita manejar, los años de experiencia esperados y los resultados que deberá entregar. Ese modelo funcionaba porque existía una relación relativamente directa entre lo que una persona sabía hacer y el trabajo que producía.

La inteligencia artificial está empezando a romper esa relación. Hoy una persona puede apoyarse en distintas herramientas para analizar información, generar código, preparar documentación o proponer una solución. Esto no significa que el cargo desaparezca, pero sí que la ejecución de esas tareas ya no demuestra, por sí sola, la capacidad profesional de quien las realiza. Por eso, actualizar un descriptor no puede consistir simplemente en agregar “manejo de inteligencia artificial” a la lista de requisitos. Esa frase dice muy poco: no permite saber para qué debe utilizarla una persona, qué puede delegar, cómo debe revisar sus resultados ni qué decisiones continúan siendo de su responsabilidad.

Pensemos, por ejemplo, en alguien que desarrolla software. Tradicionalmente se le pedía crear aplicaciones, conectar sistemas, hacer pruebas y resolver fallas. Actualmente, una herramienta de inteligencia artificial puede ayudarlo a escribir parte del código, sugerir cómo organizarlo, documentarlo e incluso preparar pruebas. Sin embargo, eso no significa que pueda asumir la responsabilidad completa por la solución. Si la empresa necesita calcular las condiciones comerciales de sus clientes, la herramienta puede producir rápidamente algo que funcione. El valor de la persona aparece cuando debe determinar si esa solución interpreta correctamente la necesidad del negocio, protege la información, considera las excepciones, soporta más usuarios y no genera problemas en otros sistemas.

La herramienta puede entregar una respuesta que parece correcta. La persona debe decidir si esa respuesta es segura, sostenible y útil para la organización. Ahí es donde los descriptores actuales comienzan a quedar incompletos. Explican qué debe ejecutar alguien, pero no siempre establecen qué criterio debe aplicar cuando una parte de ese trabajo es realizada con inteligencia artificial. Tampoco definen qué resultados debe validar, qué riesgos debe anticipar y por qué decisiones seguirá respondiendo.

Este cambio también obliga a repensar la selección. Si durante una entrevista solo pedimos desarrollar una solución, podríamos terminar evaluando la capacidad de una persona para obtener rápidamente una respuesta de una herramienta. Una evaluación más pertinente sería entregarle una solución generada con inteligencia artificial y pedirle que identifique errores, cuestione sus supuestos, explique los riesgos y determine qué modificaría antes de usarla. Lo mismo ocurre con la evaluación de desempeño: producir más código, informes o análisis no necesariamente significa generar más valor. Si la inteligencia artificial aumenta la velocidad, la organización tendrá que observar con mayor atención la calidad del resultado, el nivel de revisión, la capacidad de prevenir errores y el impacto real que consigue la persona.

Esto convierte al descriptor de cargo en algo más importante que un documento para publicar una vacante. Lo que se defina ahí influirá después en cómo se selecciona, se evalúa, se desarrolla y se reconoce a las personas. Si el descriptor permanece intacto mientras el trabajo cambia, toda la gestión de talento comenzará a medir capacidades que ya no representan completamente el aporte de un profesional.

En resumen, la inteligencia artificial no vuelve innecesario el criterio humano; hace necesario definirlo con mucha mayor precisión. Los cargos del futuro no solo tendrán que explicar qué debe hacer una persona, sino también qué debe saber delegar, qué debe comprobar y qué decisiones no puede entregar a una herramienta. La pregunta relevante ya no será únicamente si alguien utiliza inteligencia artificial, sino si sabe trabajar con ella sin renunciar a su responsabilidad por el resultado.

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