Por Edgardo Fuentes Cáceres, Director Ingeniería en Ciberseguridad UNAB.
Piense en la persona que atiende un llamado o un mostrador cualquier día. Alguien le pide un chip nuevo para una línea y le da un nombre, un RUT y una fecha de nacimiento. Los datos coinciden, el sistema dice que sí y el trámite se cierra en minutos. Para esa persona fue un día normal. Para el verdadero titular de la línea, que todavía no lo sabe, acaba de empezar un problema grave.
Eso es el SIM swapping, y esta semana volvió a la conversación pública. Subtel ha registrado cerca de 700 reclamos en 2026 por portabilidades y duplicados no reconocidos, y evalúa exigir más certificación de identidad en estos trámites. Conviene ser prudentes: no existe, al menos públicamente, una serie histórica que permita decir que los casos están explotando en Chile. Los reclamos son una señal, no una tendencia demostrada. Pero la experiencia de otros países indica dónde mirar.
En el Reino Unido, según Cifas, los SIM swaps no autorizados aumentaron 1.055% en 2024 y llegaron a casi 3.000 casos. En Australia, IDCARE reportó un aumento de 240% en personas que pidieron ayuda por fraudes de portabilidad. En Estados Unidos, en cambio, las denuncias al FBI llegaron a un máximo en 2022, con más de 2.000 casos, y bajaron hasta menos de mil en 2024. Las denuncias miden lo que se reporta, no todo lo que ocurre, y por eso hay que leer ese descenso con cautela. Aun así, el contraste sugiere que este fraude no crece de forma pareja: se instala donde la entrega del chip es más fácil de conseguir.
Como profesional del área de ciberseguridad, observo que casi todo el debate se concentra en la víctima: qué enlaces evitar, qué datos no compartir, cuándo bloquear la línea. Es consejo válido, pero traslada al ciudadano una responsabilidad que no puede ejercer. Usted no decide si una empresa entrega o no un duplicado de su número. Esa decisión ocurre dentro de un proceso que usted no ve y que no controla.
Y ese proceso tiene un problema de diseño. Se apoya en que nombre, RUT y fecha de nacimiento son información que solo conoce el titular. En Chile eso dejó de ser cierto hace mucho: esos datos aparecen en formularios, trámites y filtraciones que ya no se pueden deshacer. Verificar identidad con datos que circulan es medir qué tan informado está quien llama, no quién es. La pregunta correcta para el operador no debería ser si el cliente conoce esos datos, sino si puede demostrar que es el dueño de la línea.
Hay, además, una segunda mitad de la historia. El SIM swapping solo resulta rentable porque algunos servicios financieros siguen tratando un SMS como prueba de que usted es usted. Un mensaje de texto viaja por una red que nunca fue concebida para autenticar personas, y su seguridad depende de que el número siga en las manos correctas. Cuando una operadora entrega un chip a quien no corresponde y un banco confía en ese SMS, dos controles débiles se suman en lugar de reforzarse.
Por eso la pregunta de fondo no es cómo se protege cada persona, sino quién responde cuando el sistema falla. Las operadoras deberían endurecer la entrega de duplicados y las portabilidades, con verificación reforzada, avisos inmediatos al titular y plazos de espera cuando el cambio es sospechoso. Los bancos deberían dejar de usar el SMS como único segundo factor en operaciones críticas y avanzar hacia aplicaciones de autenticación o llaves de seguridad. Y el regulador debería fijar quién asume el costo de los fraudes que nacen de un proceso mal verificado, porque mientras la factura le llegue a la víctima, los incentivos para mejorar serán débiles.
Mientras tanto, conviene activar el bloqueo de la SIM, preferir una aplicación autenticadora al SMS y reaccionar de inmediato si el teléfono pierde señal sin explicación, contactando a la compañía por otro medio y avisando al banco. Pero eso es un paraguas, no una solución: la protección real no puede depender de que cada ciudadano sea experto en ciberseguridad.
El chip nunca fue lo importante. Es solo la llave. Lo que está en juego es quién cuida la puerta y a quién se le entrega una copia.