“Cada 8 de marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer, el mundo recuerda una historia de luchas que no solo se relaciona con derechos civiles y políticos, sino también con el acceso equitativo a oportunidades económicas y profesionales. Esta conmemoración, impulsada globalmente por instancias como la Organización de las Naciones Unidas, no es únicamente simbólica, sino que representa un llamado urgente a revisar cuánto hemos avanzado en materia de igualdad de género”, apunta Benjamín Toselli, CEO y fundador de IT Hunters.
El ejecutivo explica que, de acuerdo a datos de la UNESCO, “solo el 35% de las personas graduadas en el mundo en carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) son mujeres”.
“En Chile, uno de los desafíos más evidentes se encuentra, justamente, en este ámbito. Aunque el país ha mostrado avances en el acceso femenino a la educación superior en términos generales, la brecha persiste con fuerza en tales áreas estratégicas para el desarrollo y la competitividad. El informe Education at a Glance 2024 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sitúa a nuestra nación en el penúltimo lugar entre sus países miembros en cuanto a la proporción de mujeres tituladas en carreras STEM”, sostiene Toselli.
El especialista asegura que la situación se vuelve aún más compleja cuando observamos, a nivel local, el mercado laboral tecnológico. “Según nuestra XIII Guía Salarial TI – 2026, en cargos ejecutivos dentro del sector tecnológico las mujeres representan apenas el 17%, mientras que en posiciones de especialistas alcanzan el 36%. Si bien el rubro tecnológico destaca por ser uno de los pocos donde no se observan brechas salariales para un mismo cargo entre hombres y mujeres, la baja presencia femenina en posiciones de liderazgo revela que el problema no es solo de remuneración, sino de acceso y proyección profesional”.
“La pregunta de fondo es por qué, en un sector que ofrece igualdad salarial, las mujeres siguen siendo minoría. Parte de la respuesta está en factores estructurales y culturales que comienzan mucho antes de la elección universitaria. Diversos estudios internacionales muestran que los estereotipos de género influyen desde la infancia en la autopercepción de habilidades matemáticas y científicas. Aún persiste la idea, explícita o implícita, de que estas disciplinas son ‘más apropiadas’ para hombres, lo que limita las vocaciones”.
Benjamín Toselli afirma que, en pos de la igualdad de género, el cambio debe comenzar en la educación temprana. “Es indispensable fortalecer programas escolares que acerquen a niñas y adolescentes a la programación, la robótica y la inteligencia artificial, no como actividades excepcionales, sino como parte natural de su formación. La incorporación de contenidos de pensamiento computacional desde los primeros años puede marcar una diferencia sustantiva en la confianza y el interés por estas áreas. Muchos creen que las profesiones TI se reducen solamente a ser desarrollador o programador, cuando en la realidad existen más roles”.
“A la vez, las políticas públicas deben profundizar los incentivos concretos. Por ejemplo, las becas dirigidas específicamente a mujeres en carreras STEM constituyen una herramienta efectiva para reducir barreras económicas”.
“Sin embargo, el desafío no es solo educativo o financiero, también es cultural y organizacional. Es decir, las empresas deben asumir un rol activo implementando políticas de diversidad e inclusión que no se limiten a declaraciones formales, sino que se traduzcan en metas claras de representación femenina en todos los niveles jerárquicos. Programas de mentoría, planes de desarrollo de liderazgo y esquemas de conciliación laboral y familiar pueden contribuir significativamente a reducir la brecha en posiciones ejecutivas”, dice el CEO y fundador de IT Hunters.
Finalmente, según Toselli, avanzar hacia la igualdad de género y una mayor participación femenina en STEM “requiere una estrategia articulada. La colaboración entre sector privado, universidades y gobierno es crucial para diseñar programas de formación, prácticas profesionales y redes de apoyo que acompañen a las mujeres desde la educación hasta su inserción laboral”.




