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RRSS e Inteligencia Artificial: el límite entre lo real y lo imaginario



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Camila Ovalle, psicóloga clínica y co fundadora de bow care, alerta sobre cómo el nivel de realismo alcanzado por contenido generado mediante inteligencia artificial es capaz de difuminar la frontera entre lo auténtico y lo manipulado.

Publicado el 19 ene 2026



Inteligencia Artificial
Camila Ovalle, psicóloga clínica y co fundadora de bow care.

“El uso de diversas plataformas de Internet ya no sólo expone a niños, niñas y adolescentes a comparaciones, validación externa o sobreestimulación. Hoy, se suma un nuevo y silencioso riesgo: la circulación masiva de videos e imágenes hiperrealistas creados con Inteligencia Artificial capaces de imitar rostros, voces y situaciones con un nivel de realismo, que desafía incluso a los adultos”, indica Camila Ovalle, psicóloga clínica y co fundadora de bow care.

Para la especialista, este fenómeno, “que antes parecía ciencia ficción, ya está instalado en la vida cotidiana y con él emerge un desafío profundo: la posibilidad de que las nuevas generaciones crezcan sin un marco claro para diferenciar lo real de lo imaginario, lo auténtico de lo manipulado, lo cual puede tener efectos directos sobre su desarrollo cognitivo y emocional”.

“Estos contenidos no son simples montajes evidentes. La Inteligencia Artificial generativa permite crear escenas falsas que parecen auténticas: personas diciendo cosas que nunca dijeron, situaciones que jamás ocurrieron, emociones fabricadas con precisión quirúrgica, entre otros. El problema no es sólo creer que un video es real, el riesgo mayor está en cómo se va construyendo la percepción del mundo. Cuando lo falso se presenta con apariencia de verdad, se debilita el criterio para evaluar la información, se normaliza la duda permanente y se instala una sensación de desconfianza”, advierte.

Camila Ovalle sostiene que las redes sociales no ofrecen contexto ni pausas. “El contenido se consume rápido, sin mediación adulta, sin explicación y sin herramientas para cuestionarlo. Para estudiantes en edad escolar, cuyo desarrollo cognitivo y emocional aún está en evolución, esta frontera borrosa puede generar múltiples consecuencias, como erosionar la confianza y capacidad para detectar información falsa, lo que los deja vulnerables a engaños y confusión sobre lo que es real o inventado”.

“Frente a este escenario, la respuesta no puede ser únicamente prohibir o restringir. Es imprescindible educar en alfabetización digital y emocional: enseñar a dudar, a verificar, a entender que no todo lo que parece real lo es. Acompañar a niños y jóvenes en la construcción de criterios, fortalecer el pensamiento crítico y abrir espacios de conversación donde puedan preguntar, expresar miedo o confusión sin sentirse ignorados”.

“La tecnología avanza más rápido que nuestra capacidad de adaptarnos. Hoy, más que nunca, proteger a niños y adolescentes significa educarlos para navegar un mundo donde lo real y lo artificial conviven sin fronteras claras”, concluye la psicóloga clínica y co fundadora de bow care.

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